Obsesión por el Cielo
Obsesion por el Cielo - #759

Obsesion por el Cielo - #759

May 29, 2018

Historia de las Sondas Espaciales Mariner de la NASA. En este programa en vivo de “Obsesión por el Cielo” platicamos sobre las primeras misiones espaciales robóticas norteamericanas en explorar el Sistema Solar Interior: Las naves espaciales correspondientes al programa “Mariner”. Un total de 10 sondas fueron construidas y lanzadas entre 1962 y 1973. Tres de ellas (Mariner 1, Mariner 3 y Mariner 8) se perdieron durante el lanzamiento, pero las otras siete lograron sus objetivos de explorar los planetas Mercurio, Venus y Marte. La Mariner 2 en particular fue la primera nave espacial en sobrevolar un planeta (Venus) y medir las condiciones del medio interplanetario (viento solar, polvo, rayos cósmicos, campo magnético, etc.). La Mariner 4 fue la primera sonda en sobrevolar y fotografiar a Marte. Ambas naves nos dieron los primeros indicios de las verdaderas condiciones de esos planetas. Mariner 5 exitosamente sobrevoló a Venus en 1967, las Mariner 6 y 7 hicieron los mismo con Marte en 1969, y el Mariner 9 fue la primera nave espacial en lograr orbitar a otro planeta (Marte) en 1971. Esta misión en particular nos dio por primera vez un  mapa casi completo del planeta rojo, descubriendo grandes volcanes en el hemisferio norte (incluyendo a Olympus Mons), lechos de grandes sistemas fluviales extintos, y un gran cañón en el ecuador (llamado Valles Marineris en honor al proyecto). La Mariner 10 fue la primera nave espacial en utilizar la técnica de asistencia gravitacional usando a Venus para poder sobrevolar y estudiar al planeta Mercurio. Aparte de nuestra sección de noticias astronómicas semanales, en esta ocasión presentamos el Reporte del Cielo para el mes de Junio.

Obsesion por el Cielo - #758

Obsesion por el Cielo - #758

May 22, 2018

Resolviendo la Paradoja de Olbers En este programa grabado de “Obsesión por el Cielo” platicamos sobre la llamada “Paradoja de Olbers” y sus soluciones. Heirich Olbers fue un astrónomo alemán famoso por sus descubrimientos de asteroides y cometas a principios del Siglo XIX. Aunque la idea principal que planeta la paradoja era ya conocida antes de su época, fue Olbers el que mejor la postuló y popularizó. En su forma mas simple la paradoja se pregunta “¿Por qué el cielo nocturno es oscuro?” Esta aparentemente ingenua pregunta oculta una concepción fundamental al Universo. En esos tiempos se pensaba que el Universo era infinito en extensión, eterno e inmutable. Si así fuera, el cielo debería estar brillando con la intensidad de una enorme cantidad de estrellas ya que en cualquier dirección que apuntáramos habría una cantidad infinita de estrellas. Esto es evidentemente contradictorio a lo observado. Respuestas iniciales trataban de explicar la oscuridad del cielo con argumentos de que la cantidad de estrellas no era infinita y que existía materia entre las estrellas que las ocultaba. Sin embargo, la respuesta a la oscuridad del cielo radica principalmente en que el Universo no es eterno, sino que tuvo un principio hace 13,750 millones de años con el Big Bang. Eso, combinado con la velocidad finita de la luz, implica que el Universo observable tiene un radio de “meramente” 13,750 millones de años luz. En ese volumen finito de espacio no existe una cantidad infinita de estrellas. Otra explicación complementaria relaciona a la misma expansión del Universo que prolonga la longitud de onda de la luz que viaja a través del espacio, haciéndola invisible a nuestros ojos. Además, hablamos un poco de cómo enmarcar esta paradoja en función del Principio Cosmológico de homogeneidad e isotropía. Aparte de nuestra sección de noticias astronómicas semanales, en esta ocasión presentamos la nueva sección: “Proyecto Astronómico Nacional”. El Dr. Lorenzo Olguín nos hablará sobre la Campaña Mexicana de Fotometría de Asteroides.

Obsesion por el Cielo - #757

Obsesion por el Cielo - #757

May 16, 2018

La Búsqueda de Vida en el Sistema Solar. En este programa en vivo de “Obsesión por el Cielo” platicamos con nuestro invitado especial, Manuel Olmedo, sobre los posibles sitios dentro de nuestro Sistema Solar donde las condiciones puedan ser propensas para almacenar gran cantidad de agua en estado líquido, condición indispensable para sostener y promover la vida tal y como la conocemos en la Tierra. Comenzamos el programa hablando sobe la definición tradicional de la Zona de Habitabilidad en el Sistema Solar, tal y como es descrita en la famosa Ecuación de Drake que intenta organizar nuestro conocimiento sobre la vida en otras partes. Pronto comenzamos a hablar de por qué las condiciones para la vida son imposibles de obtener tanto en Mercurio como en Venus, aunque este último planeta es muy parecido a la Tierra en tamaño y masa. De ahí pasamos a analizar las posibilidades de vida en Marte dado que ese planeta pudo haber tenido una muy breve época durante la formación del Sistema Solar cuando pudo haber agua corriendo libremente en forma líquida por su superficie. Ahora el planeta está congelado y casi sin atmósfera. Si la vida brotó en ese planeta, posiblemente se esconda debajo de la superficie donde las condiciones puedan ser menos desfavorables. Concluimos el programa hablando sobre las circunstancias especiales que rodean a las lunas mayores de los planetas jovianos. Algunas de estas lunas se mantienen calientes en su interior no por luz solar (están muy lejos) ni por elementos radioactivos en sus núcleos (son muy chicas), sino por fuerzas de marea con sus planetas gigantes y lunas vecinas. Este fenómeno provoca que, debajo de las superficies congeladas, existan océanos de agua líquida, molécula indispensable para la vida. Aparte de nuestra sección de noticias astronómicas semanales, en esta ocasión presentamos la nueva sección “¿Por qué eres astrónomo?”. Precisamente la hacemos esta pregunta al Dr. Lorenzo Olguín de la Universidad de Sonora.

Obsesion por el Cielo - #756

Obsesion por el Cielo - #756

May 9, 2018

Las Lunas Ganimedes y Calisto de Júpiter En este programa en vivo de “Obsesión por el Cielo” comparamos y contrastamos las dos lunas galileanas de Júpiter con órbitas más externas: Ganimedes y Calisto. Ganimedes, en particular, tiene la distinción de ser la luna más grande del sistema solar; 50% más grande que nuestra propia Luna y con dos veces la masa de la Luna. Ganimedes también exhibe una resonancia orbital con Europa y con Ío, las dos lunas galileanas más cercanas a Júpiter. Mientras Ganimedes orbita una vez al planeta, Europa lo hace dos veces e Ío cuatro veces. Este fenómeno, acompañado de ligeras variaciones cuasi-periódicas en la excentricidad e inclinación de la órbita producidas por el Sol y los otros planetas, provocan fuerzas de marea que mantienen al centro de Ganimedes relativamente caliente comparado con Calisto. La diferencia primordial entre estas dos lunas es que Ganimedes está completamente diferenciado, mientras que Calisto está parcialmente diferenciado en su interior. Esto hace que Calisto muestre una superficie erosionada únicamente por cráteres de impacto, mientras que Ganimedes también muestra modificaciones superficiales debido a procesos endogénicos (originarios de su interior). Se piensa que ambas lunas poseen un océano de agua líquida en su interior, similar al de la luna Europa, pero de menor profundidad, debajo de una capa superficial de hielo y roca sólida. Aparte de nuestra sección de noticias astronómicas semanales, en esta ocasión presentamos la nueva sección “Vox Populi: La Pregunta del Mes”.

Obsesión por el Cielo - #755

Obsesión por el Cielo - #755

May 1, 2018

¿Cómo sería la Tierra si no hubiera Luna? En este programa grabado de “Obsesión por el Cielo” platicamos sobre las circunstancias en la que nos encontraríamos en nuestro planeta si no tuviéramos un satélite natural tan prominente como lo es nuestra Luna. Comenzamos el programa haciendo una pequeña introducción sobre el proceso de formación del sistema Tierra-Luna. Sin la gran colisión que formó la Luna nuestro planeta sería muy distinto. Para principiar sería de menor masa, rotaría con mayor velocidad y probablemente tendría una mayor cantidad de agua. Cómo se desarrollaría la vida bajo estas circunstancias es especulativo, pero seguro que no estaríamos preguntándonos eso aquí y ahora sin la formación de la Luna. Una Tierra sin Luna tendría noches muy oscuras, no habría eclipses, sufriría de mareas de menor intensidad, tendría una inclinación del eje de rotación con mayores variaciones (esto afectaría las estaciones del año) y probablemente sería más vulnerable a impactos de asteroides y cometas. Culturalmente hablando no tendríamos el concepto del mes, los lunes no existirían (serían semanas de seis días), no tendríamos ninguna mitología relacionada con la Luna (incluyendo la licantropía) y muy probablemente nuestro programa espacial sería limitado. Estas y otras posibilidades discutimos en el programa. Aparte de nuestra sección de noticias astronómicas semanales, en esta ocasión presentamos los Premios Constelación y Movimiento Retrógrado.

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